
El objetivo de la monitorización estructural es conocer si existen desplazamientos en la estructura que puedan comprometer su estabilidad. En el Castillo de Montemolín se aprecian patologías que indican que se ha producido un movimiento estructural; mediante una monitorización adecuada, prolongada en el tiempo, puede determinarse si esos movimientos continúan activos.
Las patologías más destacables se concentran en el lienzo nordeste, en las torres G e I, que son las dos instrumentadas. Ambas presentan grietas verticales de desarrollo importante: en la torre I la fisura recorre el paramento prácticamente de coronación a base, mientras que en la torre G se concentra en la mitad superior, con un trazado escalonado que sigue las juntas de la fábrica.

La instalación, ejecutada entre abril y mayo de 2025, consta de cuatro sensores digitales y una estación Gateway. En cada torre se ha dispuesto un nodo en la esquina superior, que integra un distanciómetro láser y un inclinómetro triaxial para controlar el movimiento del conjunto en coronación, y un fisurómetro de cuerda vibrante con termistor incorporado, situado sobre la zona de mayor abertura de la grieta, que mide su movimiento local. El registro es horario y se transmite de forma continua a la plataforma de datos.
Con los datos registrados se elaboran informes periódicos de análisis, que incluyen la depuración de las lecturas anómalas, la separación de la respuesta térmica estacional respecto de las tendencias de movimiento a largo plazo, la evaluación del estado de cada torre y las recomendaciones de mantenimiento y actuación. En abril de 2026 se completó el primer ciclo anual de registro y se emitió el informe de análisis de datos correspondiente, siguiendo la misma metodología aplicada en otros proyectos de monitorización de MEEH.